La Chavense, como fabrica de quesos, fue fundada el martes 13 de noviembre de 1945, por Don Ricardo Forel, inmigrante austríaco, que llegara al país para asesorar en la instalación de industrias lácteas, y al tiempo instalara La Chavense por su cuenta, y cuya propiedad detentó hasta el año 1955.

A partir de este año, fue propiedad de la firma Fernandez, Fleyre y Cía., y se dedicó únicamente a la elaboración de dulce de leche.

En 1962, la fábrica pasó a ser propiedad de la sociedad entre Antonio Jorge, y Antonio Hermida, y siguió con la fabricación exclusiva de dulce de leche, hasta que en el año 1970 incorporó la de quesos y otros derivados.

Antonio Jorge era empleado ferroviario, casado con María Elías Catub, almacenera, quienes con su hijo, Roberto Jorge, vivían en Bahía Blanca. En 1962, Antonio Jorge renuncia a su empleo en el ferrocarril, compra el 50% de la fábrica, y se traslada junto con su esposa a A. G. Chaves para tal emprendimiento.

En 1970, su hijo, Roberto Jorge, quien todavía residía en Bahía Blanca, es quien esta vez renuncia a su trabajo en una radioemisora bahiense, y se traslada con su familia a A.G.Chaves, a trabajar junto a sus padres, para afrontar la difícil situación por la que atravesaban, debido a la falta de provisión de leche, situación que había sido una constante, inclusive desde la época de la fundación de la fábrica.

A los pocos meses, corriendo todavía el año 1970, Antonio Jorge fallece, quedando así la conducción de la fábrica en manos de la sociedad compuesta ahora por María E. C. de Jorge y su hijo Roberto Jorge, por un lado, y Antonio Hermida, por el otro.

Más tarde, Antonio Hermida se desvincula de la sociedad y pasan a dirigir la empresa Roberto Jorge y su madre.

Desde entonces, Roberto desde la gerencia y conducción, y su madre desempeñándose inigualablemente en la compra y venta al público, hicieron todo tipo de sacrificios y esfuerzos para conseguir la materia prima, y para sobrellevar esta empresa familiar a pesar de las más diversas situaciones por las que ha atravesado la economía de nuestro país.

El 29 de septiembre de 1987, La Chavense inaugura su primer tambo, “Don Manuel”, llamado así en memoria de don Manuel Carril, quien fue el primer quesero de la firma, tanto durante su fundación, como nuevamente en 1970 al reiniciarse la producción quesera.

Luego, el 04 de agosto de 1993, inaugura su segundo tambo, “Doña María”.

Desde entonces, y con provisión propia de materia prima, sumada a la provisión de dos tambos de Tres Arroyos de H. Zandstra, y de G. Prinzen, mas amigos que proveedores, La Chavense se ha dedicado a mejorar la calidad de sus productos, tomando como premisa conservar la característica de elaboración artesanal, natural y sin conservantes de todos sus productos.

Su distribución abarca una amplia región provincial.

A nivel local, donde la gente reconoce estos productos como representativos de A. G. Chaves, funciona además el almacén de venta al público, sobre la Ruta 3, el cual estuvo a cargo de María E. C. de Jorge, desde 1962, hasta su fallecimiento en mayo de 2007.

Paralelamente a la venta de productos lácteos, y de gran cantidad de variedad de otros productos de tipo artesanales y caseros, desde hace algunos años ha surgido, por parte de Roberto Jorge, actual conductor de esta empresa, la idea y ejecución del acopio, restauración y puesta en funcionamiento de gran cantidad de herramientas e implementos antiguos, y para cuya tarea cuenta con la colaboración del artista local Alejandro “Pocho” Martinez, quien para ello aporta su entusiasmo personal y su trabajo artesanal donde se refleja su calidad artística a traves de sus pinturas.

Dichos objetos se encuentran exhibidos libremente, al público en general.

Un capítulo aparte merece la historia de Doña María Elías Catub de Jorge, mujer de inteligencia, capacidad de trabajo y bondad irrepetibles, que inspira a dedicar páginas enteras sobre ella, pero bien resumen este concepto las palabras de su hijo Roberto, quien en una entrevista se expresara así sobre su madre:

“Siempre que debo emitir un juicio sobre alguna persona pienso que debo ser objetivo, y si hablo sobre mamá no puedo serlo. Pero simplemente haciéndome eco de todas las opiniones de la gente que ha vivido a su alrededor y por tal motivo la conocen mejor, llego indefectiblemente a la conclusión de que mi mamá es un ser único e irrepetible. Nació el 15 de agosto de 1924; a los 15 años de edad comenzó a trabajar en el comercio que tenía su papá, y ya nunca se apartó de esa actividad que consiste en comprar y vender, y que llamamos comercio. A los 20 años se casó con papá quien tenía cuatro años más que ella, y siguió ayudando en todos los rubros comerciales que fueron necesarios para subsistir y progresar. Ha sumado por lo menos 65 años de atención a los clientes. Creo que una buena forma de medir los méritos de mi madre sería ésta: que todos los que alguna vez recibieron algo de ella, en respuesta a una necesidad o por su gesto espontáneo y sin pedir nada en cambio levantaran su mano ¡Serían muchas manos más de las que nadie pueda imaginar! Esa sería una forma de medición de su bondad y al mismo tiempo un merecido homenaje.”